Noviembre 2006


Soledad Fernández. El abanico rojo.

Un refrán cuyos significados no abordaré.  Ahora usamos mensajes de texto en el celular, pero antes…..

Mensajes de abanico

Cerrar el abanico tocándose el ojo derecho: “¿Cuando podré verte?”

Hacer movimientos amenazadores con el abanico cerrado: “No seas tan imprudente”

Cubrirse la oreja izquierda con el abanico abierto: “No reveles nuestro secreto”

Tocar con el dedo la parte alta del abanico: “Desearía hablar contigo”

Abrir y cerrar el abanico varias veces: “Eres cruel”

Abrir totalmente el abanico: “Espérame”

Situar el abanico detrás de la cabeza: “No me olvides”

Situar el abanico detrás de la cabeza con el dedo extendido: “Adiós”

Situar el abanico delante de la cara con la mano derecha: “Sígueme”

Situar el abanico delante de la cara con la mano izquierda: “Estoy deseosa de sus conocimientos”

Mover el abanico alrededor de la frente: “Has cambiado”

Dar vueltas al abanico con la mano izquierda: “Nos están viendo”

Dar vueltas al abanico con la mano derecha: “Quiero a otro”

Llevar el abanico abierto en la mano derecha: “Eres demasiado ferviente”

Mover el abanico entre las manos: “Te odio”

Mover el abanico alrededor de la mejilla: “Te quiero”

El abanico colocado cerca del corazón: “Has ganado mi amor”

El número de varillas muestran la contestación a una pregunta: “A que hora”

Llevar el abanico abierto en la mano izquierda: “Vamos, y me cuentas”

Abanicarse rápidamente. Te amo con intensidad.

Abanicarse lentamente. Abanicarse de forma pausada, significa soy una señora casada y me eres indiferente. También si se abre y cierra muy despacio significa esto.

Cerrar despacio. Este cierre significa un “Sí”. Si se abre y cierra rápidamente significa, “Cuidado, estoy comprometida”.

Cerrar rápido. Cerrarlo de forma rápida y airada significa un “No”.

Caer el abanico. Dejar caer el abanico significa: te pertenezco.

Levantar los cabellos. Si levanta los cabellos o se mueve el flequillo con el abanico significa que piensa en ti, que no te olvida.

Contar varillas. Si cuenta las varillas del abanico o pasa los dedos por ellas quiere decir que quiere hablar con nosotros.

Cubrirse del sol. Significa que eres feo, que no la gustas.

Apoyarlo sobre la mejilla. Si es sobre la mejilla derecha significa “Si”. Sobre la mejilla izquierda es “No”.

Prestar el abanico. Si presta el abanico a su acompañante, malos presagios. Si se lo da a su madre, quiere decir “Te despido, se acabó”.

Dar un golpe. Un golpe con el abanico sobre un objeto, significa impaciencia.

Sujetar con las dos manos. Si sujeta el abanico abierto con las dos manos, significa “es mejor que me olvides”.

Cubrirse los ojos. Con el abanico abierto, significa “Te quiero”. Si se cubre el rostro puede significar “Cuidado, nos vigilan.

Pasarlo por los ojos. Si se pasa el abanico por los ojos significa, Lo siento. Si cierra el abanico tocándose los ojos quiere decir, “Cuando te puedo ver”.

Abrir el abanico y mostrarlo. Significa, “Puedes esperarme”.

Cubrirse la cara. Cubrirse la cara con el abanico abierto, significa: Sígueme cuando me vaya.

A medio abrir. Apoyar el abanico a medio abrir sobre los labios quiere decir “Puede besarme”.

Apoyar los labios. Si apoya los labios sobre el abanico o sus padrones, significa desconfianza, “No me fío”.

Pasarlo por la mejilla. Significa, “Soy casada”.

Deslizarlo sobre los ojos. Significa: “Vete, por favor”.

Mano izquierda. Llevarlo en la mano izquierda quiere decir: “Deseo conocerte”. Moverlo con la mano izquierda significa: “Nos observan”.

Mano derecha. Llevarlo o moverlo con la mano derecha, significa: “Amo a otro”.

Pasarlo de una mano a otra. Significa, “Estás flirteando con otra” o “Eres un atrevido”.

Girarlo con la mano derecha. Significa: “No me gustas”.

Tocar la palma de la mano. Quiere decir: “Estoy pensando si te quiero”.

Sobre el corazón. Apoyar el abanico abierto sobre el corazón o el pecho, quiere decir: “Te amo” o “Sufro por tu amor”.

Darse en la mano izquierda. Darse un golpe con el abanico cerrado en la mano izquierda significa “Ámame”.

Mirar dibujos. Mirar los dibujos del abanico, quiere decir: “Me gustas mucho”.

Bajarlo a la altura del pecho. Significa: “Podemos ser amigos”. También dejarlo colgado, quiere decir “Seremos amigos”.

Cerrarlo sobre la mano izquierda. Quiere decir: “Me casaré contigo”.

Saldré. Ponerse en el balcón con el abanico abierto o salir al balcón abanicándose. También entrar en el salón abanicándose.

No saldré. Dejarse el abanico cerrado en el balcón, salir al balcón con el abanico cerrado, o entrar en el salón con el abanico cerrado.

Arrojar el abanico. Quiere decir: “Te odio”. o “Adiós, se acabó”.

Presentarlo cerrado. Significa: “¿ Me quieres ?”.

Sobre la oreja. La izquierda, “Déjame en paz no quiero saber nada de ti”. La derecha, “No reveles nuestro secreto”.

Contar o abrir cierto número de varillas. La hora para quedar en una cita, en función del número de varillas abiertas o “tocadas”.

Irene, extrañada, me dijo que todo eso que yo hacía estaba muy bien pero que cómo se relacionaba con la cotidianidad del mundo. Yo la había dicho que estaba convencido que la tierra, para todo fin práctico, era plana. También le conté de espacios enedimensionales y de otras tarugadas propias de mi oficio.

Hace unos días mis extraños garabatos en una manteleta de papel me hicieron acreedor a dos cervezas gratis; la primera por parte de una chiflado arquitecto, la segunda por parte del no menos chiflado cantinero. El arquitecto quiso saber de variedades duales y demás construcciones proyectivas. El cantinero quiso saber de matemáticos rusos que declinan premios internacionales, sueldos académicos y demás banalidades de aquellos incoherentes hambrientos dispuestos a mamar del presupuesto de alguien no menos incauto dispuesto a dar dinero a las artes matemáticas.

A Irene no la puedo incluír en la descripción que haré a continuación, porque a ella no le di mucha oportunidad de elegir si deseaba pasar la tarde conmigo o no. Supongo que -al menos pasivamente- sí lo deseó, pues no planteó objeción alguna.

PERO, en general, parece que la gente que espontáneamente está dispuesta a relacionarse con el matemático que aquí les escribe tiene que tener su buena dosis de deschavetamiento no diagnosticado. Y es natural,

 ¿Quién, en su sano juicio, querría embarcarse en discusiones sobre cosas que poco (si no es que demasiado) tienen qué ver con este mundo?

Irene me dijo, aunque no pudo exhibir evidencia, que los filósofos se hacen preguntas que tienen trascendencia directa con el mundo; pero que las matemáticas se le figuran como algo demasiado abstracto. (Me confieso demasiado torpe en las artes propias de los expertos del mercado como para poder vender con eficacia mi labor.  Tendré que ponerlo en la lista de propósitos de año nuevo.) Y eso de alguna manera justificaba la labor de los filósofos.

 Aquí podría, y seguro hay quienes lo harán, adentrarme en los terrenos de la religión científica y de la veracidad lógica; pero no sé lo suficiente de las corrientes filosóficas modernas como para empezar a lanzar mierda sin peligro de salir embarrado. Así que aquí termino este sin sentido con una solicitud:

¡Perded un poco la cordura!

Esta frase la aprendí de mi padre (y podría decirse que su veracidad es una consecuencia del principio de las casillas).

Pienso que los hombres heterosexuales estamos cometiendo una gran imprudencia al no promover la homosexualidad masculina. Es una mera cuestión de supervivencia y de analizar cuidadosamente el título de esta entrada.

He dicho.

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