A mí siempre me ha gustado mucho mirar (y quienes me conocen dirán que no solo mirar sino también escuchar conversaciones ajenas). Me agrada mirar gente; hombres, mujeres, niños, parejas, viejitos, grupos de amigos, pleitos [maritales] públicos, más un largo etcétera. En ocasiones me resulta difícil dejar de hacerlo. Supongo que el ejemplo obvio es si estoy mirando algo particularmente interesante (personas atractivas, etc). No digo que sea yo muy observador; más bien soy bien metiche.
En consecuencia me gusta mucho ir a lugares razonablemente concurridos; incluso si estoy estudiando —cosa que sucede muy de vez en cuando— me gusta hacerlo en lugares concurridos (con gente desconocida). Creo que estoy pensando en cafés, librerías, etc. También necesito un poco de ruido, por lo que las bibliotecas no suelen estar en la lista.
Hará cosa de un mes, en la fila del aeropuerto para entrar formalmente a mi país (cortesía de un sellito en el pasaporte), me dedicaba a este pasatiempo mientras avanzaba lentamente. En eso que veo a una chava que me llamó la atención.
(Aquí podría serme uebos aclarar a qué me refiero con ‘llamar la atención’; pero excusatio non petita, accusatio manifesta. Así que callaré.)
Un segundo después reparé en el detalle de porqué me había llamado la atención la susodicha: su cara me era profundamente familiar. Dos segundos fueron suficientes.
Era Ximena Sariñana.
Obviamente, cuando uno encuentra a un personaje famoso se vuelve más difícil aún dejar de mirar. En consecuencia, hice un esfuerzo por parecer normal y me puse a revisar que trajera todos mis documentos migratorios en orden y listos. No tuve fuerza de voluntad.
Cuál fue mi sorpresa al voltear a verla y ver que ella me miraba fijamente. Tímidamente dejé de mirar. La escena se repitió varias veces. Fue una experiencia nueva sentirse observado. No me quedó claro si mi miraba como quien mira a un mico, a un monstruo u qué. Lástima que el que escribe siempre ha sido tímido y que ya no la encontré pasando migración.
Aún no sé si le hubiera pedido un autógrafo o su teléfono, ja ja [iluso].