Sirva esta entrada para informar a vuestras mercedes que Don Diego no será Don Diego más que en nuestros corazones.

Rectificamos pues e insistimos en dar la bienvenida (¿por qué no existirá el verbo bienvenir? Los diccionarios consultados sugieren acoger) a quien –parece que ahora sí definitivamente– será conocido bajo el insigne nombre (más menos algunos des e ys que lamentamos hayan caído en desuso) de:

Don Eduardo de Antolín y de De Gante y de Toronto

Y claro está que insistimos aún en felicitar a sus afortunados padres deseándoles no morir en el intento, así como ¡ya no cambiarle el nombre al muchacho!