Hace algún tiempo la Santa Sede (que no es lo mismo que El Vaticano –preguntadle a la Wikipedia) nos informó que tras larga y sesuda investigación se había llegado a la conclusión de que no existía el Limbo (palabras menos, [muchas] palabras más). A Juan Manuel le dió mucha risa imaginarse a las almas que habían estado flotando en el Limbo por tantos siglos súbitamente caer.

Ahora nos vienen con el cuento de que el infierno no es la hoguera que nos imaginamos; ni que el Príncipe de las Tinieblas es como lo pintan.

Resulta que el infierno sí es una heladera gigante; porque tiene más sentido sentir el frío de la falta de amor y del abandono… eso o que alguno de los eruditos en el Vaticano recordó el frenético aleteo del dantesco Satanás. (Que por cierto, como dicen una conocida blogstar, corran a ver esto.)

E quindi uscimmo a riveder le stelle.