En esta vida todo es una cuestión de fe. En realidad (ya luego me pondré a tratar de explicar que quiero decir por realidad), todos vivimos con la fe puesta en diversas cosas.

 Cuando digo fe quiero esa suposición de que nuestra percepción es correcta. Ya sea que precibimos la presencia de algún ser ubicuo o que estamos seguros de que cuando abramos la puerta de la calle en nuestra casa, ahí estará ese mundo que dejamos la noche anterior. Es una fe desmedida que nos permite dar el siguiente paso con la certeza de que bajo nuestro pie encontraremos el piso que dejamos 83cm atrás.

 Bueno, pues de igual forma yo escribiré en este lugar, con la certeza de que la dichosa lectora (de una vez y para siempre les explico que al decir la lectora me refiero a la hipotética persona que lea este blog, no quiero dar a entender un género específico.) recibirá mi perorata y sacará con ella lo mejor de sí; esto ya para insultarme, ya para reírse, ya para llorar de la tristeza de lo patético que puede llegar a ser el interné.

 No les prometo que seré divertido, ni que no lo seré. Solo prometo palabras, palabras y más palabras.

 Así es que daos por bienvenidas, queridas lectoras.