septiembre 2006


Alguien alguna vez me dijo que le era difícil regalarme cosas. Cosas materiales, por supuesto. Su argumento fue que yo, o bien siempre que decidía que quería algo me lo compraba (¡Oh imagen de comprador compulsivo y de ricachón!), o bien no solía externarlo. También es uebos añadir que no suelo tener demasiado -querida lectora, conste que dije demasiado– apego por las cosas.

Mas aquí he una lista de cosas que he deseado y que no me he comprado, ya porque le he dado oportunidad a la antes citada persona, ya porque no me alcanza el dinero -¿eh!-.

  1. Una playera (camiseta, remera, etc., distinguida lectora hispanoparlante) roja con el logotipo, en amarillo, del Chapulín Colorado.
  2. Una copia del libro “Esto no es todo” del querido caricaturista Quino.
  3. Una cámara digital SLR, marca Canon (para que pueda seguir usando mis lentes EF)
  4. Algunos libros de matemáticas que, como no son de mi quehacer central no me compraré sino hasta que sea un ricachón consentido o se vuelvan de mi quehacer cotidiano.
    1. Geometric Measure Theory
    2. A comprehensive introduction to Differential Geometry (Vols. 1-5)
    3. Foundations of Diffential Geometry (que quizá yo mismo me mande imprimir -el problema es que el editor solo solo los imprime bajo pedido- antes de doctorarme)
  5. Un reloj de pulsera retrógrado (o debemos acaso decir levógiro, para que los eruditos de la RAE y su definición se den tres sentones.)
  6. La colección completa del Bach 2000.

Estos son solo unos ejemplos. Supongo que en el futuro redactaré una lista exhaustiva y, si alguna apiadada lectora me ayuda a implementar un sistema de registro, permitiré que la gran comunidad de amigas del charo -para las distraídas pero bien ponderadas PERSONAS lectoras recodaré que amigas incluye, por supuesto, a hombres y a mujeres- se mantenga informada acerca de qué cosas le han conseguido al que suscribe y así no acabe con treinta y tres copias -o más- del Bach 2000. ¡Ja!

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¿Qué es poesía? –dices mientras clavas
  en mi pupila tu pupila azul.
¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?
  Poesía… eres tú.

 Gustavo Adolfo Bécquer

(más…)

Recibo periódicamente un correo de La página del Idioma Español con la historia de alguna palabra.

Hace algunas semanas decidí que para decir que necesitaba algo iba a usar la palabra menester, misma que siempre me resultó agradable. Además, decidí también que usaría el verbo haber; de este modo, la frase tuve necesidad de matar al desgraciado mosquito… decidí decir hube necesidad…

Hoy recibí la historia de una palabra bastante arcaica: Uebos.

A continuación la copia fiel del correo recibido:

 LA PALABRA DEL DÍA

uebos

Que los huevos los ponen las gallinas es algo que cualquier niño sabe. Cuando crecen un poco, comprenden que las demás aves también los ponen, y en la adolescencia se enteran de que los huevos de las aves son el equivalente de los óvulos de las hembras de los mamíferos, sus mamás incluidas.

Sin embargo, cualquier adulto medianamente letrado se espanta ante la palabra uebos, que salta a la vista con su estrafalario aspecto de falta ortográfica imperdonable. Sin embargo, el Diccionario académico nos informa que uebos es un sustantivo arcaico que significa ‘necesario’

El que sigue es un de los cinco solitarios ejemplos que aparecen del uso de esta de palabra, el más reciente de los cuales data del año 1297:

 

Quantos nunqa venién, de qualquier malatía,
éstos eran cutiano e muchos cada día,
untávanlos con ello, e avién mejoría,
nunqa lis era uebos buscar otra mengía.

 

Lo que en el español de hoy significa:

 

Cuántos venían en cualquier momento, por cualquier enfermedad,

éstos eran cotidianos y muchos cada día

untábanlos con ello y experimentaban mejoría

nunca les era necesario buscar otro remedio.

 

El Diccionario pone como ejemplos uebos me es (me es necesario), uebos nos es (nos es necesario) y uebos auemos (tenemos necesidad), lo que indica que tanto puede ser sustantivo —como quiere el diccionario— como adjetivo. Lo difícil es entender para qué el Diccionario guarda palabras que no se usan desde hace más de siete siglos y es tan lerdo para incluir acepciones de uso cotidiano.

Ahí le dejo a vuestras mercedes (en particular si éstas son mexicanas) decidir qué palabra usarán. Mas si así lo hallaren uebos, tengan vuestras mercedes cuidado de no herir susceptibilidades.