El asunto del bien y del mal es un problema grande. No estoy aquí para decidir si siquiera es importante o si es algo que tenga sentido ser planteado ontológicamente. Toda la discusión sobre la realidad me tiene muy preocupado y me confieso francamente incapaz de abordarla. Empero pareciera que sí hay un marco absoluto subyacente o por lo menos una delusión colectiva localmente constante (o al menos localmente de variación acotada).

Desde mis primeros años en la escuela —y supongo que esto no es privativo de mi escuela, ciudad, país, comunidad vernácula—me enseñaron, no sin vehemencia, las reglas y las leyes. En particular las normas ortográficas y gramaticales del idioma al que me tocó nacer.

Como es casi casi natural, sucedieron algunas cosas: Pronto descubrí el asunto este de la forma y el contenido que creo haber discutido ya antes. Esto lo descubrí yo sin que alguien me lo dijera. ¿Apelaron mis instructores al huidizo sentido común?

Lo que sí fue materialmente insertado en mi cerebro fue una idea clasista del idioma. Tan profunda fue la marca que llegué a olvidarlo. Hablar y escribir bien fue un símbolo de superioridad cultural, intelectual y —para colmo de males—social. Era, secreto a voces, la nueva nobleza. En un tenor similar está el purismo lingüístico. La aversión visceral a los términos provenientes de otras lenguas.

Pero, gracias a todos los cielos y a Sus Majestades Españolas, fue comisionada la Real Academia Española. Su misión: ser guardianes del santo idioma. Su lema: Limpia, fija y da esplendor (¡Seriedad!, queridas lectoras). Su verdadera misión es censurar y decidir qué palabras han de ser. Qué bueno que la RAE exista y qué bueno que los seres humanos somos como somos de irreverentes y rebeldes. Los extranjerismos, lejos de mermar, alimentan. Los errores ortográficos ilustran. Y la comunicación será siempre tan riesgosa con o sin reglas gramaticales u ortográficas.

Feral es un ejemplo de resucitado. Según el DRAE significa cruel, sangriento (y aclara que está en desuso). Según otros diccionarios ya ni existe. La palabra que le sustituye tanto en significado como etimológicamente en español es fiero.

En terminos científicos ha sido rescatada de su olvido con el significado de aquello que vuelve a lo salvaje o que ha sido privado de lo humano. Sinónimo es por ejemplo cimarrón, en el caso de animales. Pero feral tiene la ventaja de ser más general y abstracto. Se puede decir que una niña feral es aquella que ha sido privada del trato con la sociedad y cultura humanas desde temprana edad por causas diversas (extravío en el bosque, aislamiento intencional de sus padres, etc). Mientras que niña cimarrona quizá solo signifique que se perdió en el bosque o que se escapó.

Esta acepción del término es un anglicismo.

¿Mueran esos herejes y viva la Real y Católica Lengua Española!

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