septiembre 2007


Pero la tierra siempre se mueve para todos. Y para algunos se mueve a veces demasiado fuerte.

Recado a Rosario Castellanos.

Sólo una tonta podía dedicar su vida a la soledad y al amor.

 

Sólo una tonta podía morirse al tocar una lámpara,
si lámpara encendida,
desperdiciada lámpara de día eras tú.

 

Retonta por desvalida, por inerme,
por estar ofreciendo tu canasta de frutas a los árboles,
tu agua al manantial,
tu calor al desierto,
tus alas a los pájaros.

 

Retonta, rechayito, remadre de tu hijo y deti misma.

 

Huérfana y sola como en las novelas,
presumiendo de tigre, ratoncito,
no dejándote ver por tu sonrisa,
poniéndote corazas transparentes,
colchas de terciopelo y de palabras
sobre tu desnudez estremecida.

 

¡Cómo te quiero, Chayo, cómo duele
pensar que traen tu cuerpo! -así se dice-
(¿Dónde dejaron tu alma? ¿No es posible
rasparla de la lámpara, recogerla del piso
con una escoba? ¿Qué, no tiene escobas la Embajada?)

 

¡Cómo duele, te digo, que te traigan,
te pongan, te coloquen, te manejen,
te lleven de honra en honra funerarias!

 

(¡No me vayan a hacer a mí esa cosa
de los Hombres Ilustres, con una
chingada!)

 

¡Cómo duele, Chayito! ¿Y esto es todo?

 

¡Claro que es todo, es todo!

 

Lo bueno es que hablan bien en el Excélsior
y estoy seguro de que algunos lloran,
te van a dedicar tus suplementos,
poemas mejores que éste, estudios,
glosas,
¡qué gran publicidad tienes ahora!

 

La próxima vez que platiquemos
te diré todo el resto.
Ya no estoy enojado.

Hace mucho calor en Sinaloa.
Voy a irme a la alberca a echarme un trago.

—Jaime Sabines.

Estoy contigo, Talita.

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Tengo amigos que son muy buenos para escribir prosa. En particular Omar.

Él escribe, me parece, como acción. Yo, todavía, lo hago más como reacción. La tentación entonces es relatar las actividades del día: tomé clase de francés, acompañé a una amiga a por una cantidad espectacular de tela Polar (es que está solita y le da mucho frío), que me comí una ensalada de blablabla y que ahora estoy escribiendo mientras veo si hay planes de ir cinéfilos o no. Luego, está la opción de intentar ponerse a filosofar; pero para eso ya habrá otras oportunidades. Además, todo esto sigue siento una reacción. Podría también pertubar aun más la paciencia de la lectora contando mi penas de amor.

Ya está. Puedo hablar de política, de religión y de la educación de los hijos. No, pura reacción; además de que eso ni filosofar sería.

Me pregunto si este intento de exorcizar la temida reacción es fútil o inútil. ¿Será que uno siempre reacciona y en ocasiones no se lo entera uno? (perdóneme mi loísmo sui géneris)

Veamos, reaccionemos y escribamos.

Tengo un amigo oceánico -por lo salado- al que quiero mucho. Yo soy ahora un poco más migrante que antes; pero él lo ha sido siempre; o casi siempre, como son siempre -o casi siempre- los términos absolutos como el siempre de siempre o el nunca, también, de siempre. Pero su saladura es más bien incidental y no oceánica. Para fines de esta ciudad palaciega y jacarandosa, llamemos a mi amigo, Dionisio (que nada tiene que ver con el dios, sino con su tío/tocayo/padrino/¿padre?).

Antes no era salado, era nomás tantito salobre; pero eso me lo contaron, yo nunca lo probé. ¡Ah!, pero eso sí: ahora ni hay necesidá de probarlo pa saber cuán salado es. Es realmente peligroso acercársele… no importa, yo igual quiero mucho a Doni.

No sé si funcionó. Es más creo que no funcionó; la razón: Comencé a escribir este texto hace poco más de un año y se quedó aquí olvidado. Ahora lo vi, lo leí y estoy tratando de terminarlo.

Justo este hecho hace que el final del texto sea una reacción a la parte inicial. Ahora bien, ¿habré comenzado aquello del oceánico como reacción a algo?

Sin siquiera recordar que había comenzado a escribirlo, meses después empecé a pensar en la causalidad—tema que merecería una entrada aparte si tan solo yo entendiera de qué caracoles estoy hablando—y ahora me doy cuenta que eso está requete (que no es lo mismo que querreque) relacionado.