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No todo es mentira; no todo es verdad. Acaso os habéis preguntado alguna vez si los medios de comunicación dicen la verdad? Yo sí, muchas veces; y en muy diversas situaciones.

Es más, recuerdo claramente ( “‘¡Sí, lo recuerdo claramente!”) que siempre que he intentado aprender un nuevo idioma –cabe aclarar que lo he intentado muchas veces sin éxito– sucede que me queda, al principio la duda de si lo que me están enseñando es el idioma que hablan quienes tienen a dicho idioma como lengua materna.

(Je suis desolé. Je m’appelle…, Ich habe Hunger. Du bist meine liebe, Je t’aime, Questa è la prima volta che noi faciamo…)

Peor aún para mí es ver revistas de sociales. Ver por ejemplo que don Fulandrejo de Tal se casó con Sutanita Sepalabola y Nomeacuerdo; a la ceremonia asistieron el expresidente Mengano… etc. etc.

Sé que estoy lejos de ‘brillar en sociedad’. Lo único que me salva es que no me desagradan los sabores intensos de los whiskys ‘single malt’, de la champagne, de los quesos añejos, del caviar. Y me salva tan solo en principio. En ese principio hipotético de estar en alguna reunión de gente apretada y ser interrogado.
–¡Ah!, matemático. ¿Gusta un canapé?
–Je je, Encantado.

Por lo demás, no tengo esperanza ni interés.

También están las revistas de chismes de los artistas. Éstas son casi como las de sociales, pero no. Lo que las distingue es que en las de chismes sale todo tipo de pelafustán (sobretodo el galán de telenovela de moda), mientras que ni por error saldría la gente de verdadero abolengo; la élite, la verdadera y, quizá histórica, aristocracia. En las de sociales suelen colarse artistas y políticos, es verdad; pero para que tal cosa ocurra tienen que tener probada fama o fortuna; en pocas palabras demostrar que están lejos de los ‘asquerosos’ nuevos ricos.

Pero las que están lejisimísimos de la realidad aparente son las revistas solo para caballeros o solo para damas… (Sí, sí: he leído de vez en vez revistas como Cosmopolitan, etc. )

Pensemos en las revistas para caballeros, por fijar un ejemplo. Suelen estár centradas en dos cosas que no son más que una sola. La salud (enfocada a estar en buena forma para conquistar a las chicas) y el sexo (la segunda como consecuencia natural de la primera). El formato varía de revista en revista, naturalmente –en la variedad está el gusto.

En cuanto al segundo tema, suele haber varias secciones; la idea está en estimular la psique en cuanta manera sea posible. Lo que nunca parece faltar es una o varias secciones de fotografías. Las secciones son, sobra decirlo, de mujeres con poca o nula ropa.

Ahora bien, en ocasiones dichas secciones pueden dividirse en varias a su vez. ¿Qué determina el contenido de cada una? Al parecer, en primer lugar viene la mercadotecnia. Luego aparecen la calidad, etc. Vale la pena aclarar a que se refiere quien aquí os aburre.

La portada suele traer en foto casi panorámica a alguna artista o modelo de moda. Aquella aclamada por los clientes de publicaciones anteriores o la que no había dejado ver sus atributos antes y ahora ya le llegaron al precio la convencieron. En dicho caso, la elegida suele ser alguien relativamente famosa (esto sea porque aparecen en televisión y/o en revistas de sociales/chismes).

En cuanto a las otras secciones, cuando se hubo dado el caso, quien escribe estas líneas siempre se preguntó quiénes eran las mujeres que en ellas aparecen.

Sin pecar de falso pudor, tratemos de ser tan objetivos como sea posible. Dichas mujeres suelen cumplir con ciertas características (mismas que suelen también distinguirlas de las ‘personalidades’ de portada), a saber:

1. Son más jóvenes.
2. Si bien tiene cuerpos esculturales, suelen ser más delgadas.
3. No son personalidades del medio (supongo que, de serlo, sería casi un insulto incluirlas en segundo plano).
4. Sus nombres no son imprescindibles (es más, en ocasiones ni el nombre mencionan).
5. En ocasiones –aunque no necesariamente– muestran más las partes ‘pudorosas’ o aparecen en fotos más ‘atrevidas’.

Las razones para ello pueden ser:
1. Más mercadotecnia: la chica de portada no basta para satisfacer el morbo o la curiosidad de los ‘lectores’.
2. Son personas conocidas para medios académicos; es un segundo nivel de mercadotecnia.
3. Es una batalla sutil con otras revistas.
4. Es parte de un contrato con las empresas que patrocinan dichas publicaciones.
5. La chica en cuestión le gustó al editor.

El caso está en que, para un lector ocasional, son una sorpresa, un inesperado, una fuente adicional de morbo/placer.

Volvamos a mi duda original. Duda que es natural desde la óptica del apabullamiento mediático al que estamos inmersos. ¿Quiénes son estas mujeres? ¿Existen, en verdad, como objeto de deseo colectivo? O es que son acaso un producto efimero social más.

Quien estas tarugadas escribe no se juzga capaz o suficientemente valiente para emitir una declaración final y definitiva; sin embargo, recientemente tuve una experiencia que me demostró que no es necesariamente cierto que no todo lo que se dice es falso. Fue una manifestación de que hay una verdad subyacente pese a todas nuestras dudas.

Una de tales chicas existe. Quien escribe la conoce en persona. Ella habla, se viste, se desnuda, compra, come, tiene novio, sale con amigas, le gusta bailar, le gustan los gorros, etc. Quien escribe lo ha visto (no todo pero algo), ha platicado con ella, ha tomado cerveza y comido con ella.

Esto no deja de ser, también, una prueba más de que quien escribe es un iluso, un ingenuo y un emotivo; pero en fin, si la vida no nos divierte entonces ¿quién?

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Suelo leer varios sitios de noticias en línea. Uno de ellos es el de El Universal.

Hace ya casi cuatro años me sucedió algo curioso una mañana estival en la bella Madrid. El buen Frank, el Wassita y éste, su más humilde, servidor se encontraban en un lujoso hotel viendo una película.

Dicha película –probablemente Un novio para dos hermanas–, filmada en México con actores en su mayoría mexicanos en los años sesenta, fue previamente doblada al castellano (es decir al idioma ese que hablan los españoles que no hablan gallego o catalán o vasco o asturiano o etcétera sino castellano).

Ya sabía yo desde ende Nates que en España las películas extranjeras eran dobladas; pero… ¡me váis a decir–¡oh queridas lectoras!– que los oriundos de la madre patria no son capaces de comprender lo que los nativos de los otrora Reinos Castellanos de Indias escriben o dicen? Es decir que en la península ibérica no entienden ni jota de quien aquí os escribe (por más que quien aquí os escribe se esmera artificialmente en usar el vosotros que solo en dicha península es utilizado).

Creo que en parte el problema es no creer en el otro como fuente alternativa de creación o de información. Pero también creo que en cierta medida tiene sentido esa política gachupina. Los nativos no tienen porqué saber que los cubanos llaman papaya a lo que los argentinos llaman concha y que los mexicanos llaman papaya a una fruta deliciosa y concha a un tipo de pan.

En fin, como queja muy personal –puesto que a nadie interesa–, me pone los nervios de punta leer las notas que publica El Universal durante el día y descubrir que los encargados de publicarlas solo hicieron lo que mi queridísima Molly y yo llamamos la terapia control c control v de la respectiva nota publicada en la madre patria.

Estos compadres publican notas en un idioma que solo quienes hemos tenido algún contacto con el léxico de la madre patria conocemos. Supongo que lo importante es dar a conocer la noticia lo más pronto posible y si ya está en español cortesía de la agencia EFE, pues qué … importa si me avisa que Juan Luis Guerra canceló un concierto en Málaga o si Sir Fulandrejo de Tal y de Quémimporta donó tantas libras estelina (que entre paréntesis equivale a tantos más euros –aunque vaya vuestra merced a saber a cuántos pesos novohispanos eso equivalga) para curar a sus pares de la lujuria recalcitrante de los multimillonarios.

Supongo que en este ejercicio acabo de ver mis propias actitudes como reflejo de las de mis progenitores [históricos, culturales y peninsulares] y ahora puedo decir “¡cuánta razón tenías!” o cerrar el pico.

Creo que haré lo segundo.

Ya en alguna ocasión me ocurrió que la comunicación SMS con Paz Álvarez devino en una serie de malos entendidos nada graves, pero malentendidos al fin.

No es que yo crea todo lo que se dice en internet (en particular no creo en lo que aquí se dice); pero sí creo que ciertas cosas son razonables.

Cuenta la leyenda que en Turquía sucedió recientemente un hecho digno de preocupación. Imaginemos por el momento que la mencionada leyenda es verdadera:

Una joven pareja se casó y luego de algún tiempo decidió separarse.

Hasta aquí todo suena.

Como muchas personas en la actualidad, parte de su conversación –en este caso discusiones– sucedió mediante textos enviados usando teléfonos celulares.

–Sigue sonando.

El idioma en el que se llevó a cabo la conversación es uno distinto del que tuvo en mente el diseñador de dichos mágicos aparatitos; en este caso todo sucedió en turco.

–OK.

Al calor de la discusión, el cuidado con el que se escribe disminuye.

–OK.

No hay acentos ni peculiaridades del turco, ej. İ, i; I, ı.

OK.

El exmarido escribe sikisince en lugar de sıkışınca.

OK., ya basta, ya entendí.

Bueno, pues el problema estriba en que la segunda es un reclamo y la primera es un severísimo insulto. Así que la joven exesposa le muestra a su padre el mensaje y éste riñe al exnuero, quien va a casa del exsuegro a explicar el malentendido. Ahí es recibido a cuchillazos (justo merecido por mancillar el honor familiar) y éste, en represalia, se fue sobre su exesposa también a cuchillazos. Los familiares de ella sólo lo hirieron pero él sí la mató. Cuenta la leyenda que luego él se suicidó después estando ya en la cárcel.

Al parecer, los familiares de ella ahora enfrentan cargos legales por intento de homicidio…

Yo no lo sé de cierto pero suena a que no estoy tan loco al ser medio obsesivo respecto a los acentos y demás tildes gráficas a la hora de escribir.

Good luck, Mr. Gorsky!

Sirva esta entrada para informar a vuestras mercedes que Don Diego no será Don Diego más que en nuestros corazones.

Rectificamos pues e insistimos en dar la bienvenida (¿por qué no existirá el verbo bienvenir? Los diccionarios consultados sugieren acoger) a quien –parece que ahora sí definitivamente– será conocido bajo el insigne nombre (más menos algunos des e ys que lamentamos hayan caído en desuso) de:

Don Eduardo de Antolín y de De Gante y de Toronto

Y claro está que insistimos aún en felicitar a sus afortunados padres deseándoles no morir en el intento, así como ¡ya no cambiarle el nombre al muchacho!

Este espacio se une a la alegría distribuida por varias esquinas del orbe –y localizada particularmente en Toronto– y pretende dar una humilde bienvenida  a quien llegara el día de ayer y que quizá ha de hacerse llamar bajo el ilustre nombre de Don Diego Antolín.

¡Mis enhorabuenas para sus afortunados progenitores!

A mí siempre me ha gustado mucho mirar (y quienes me conocen dirán que no solo mirar sino también escuchar conversaciones ajenas). Me agrada mirar gente; hombres, mujeres, niños, parejas, viejitos, grupos de amigos, pleitos [maritales] públicos, más un largo etcétera. En ocasiones me resulta difícil dejar de hacerlo. Supongo que el ejemplo obvio es si estoy mirando algo particularmente interesante (personas atractivas, etc). No digo que sea yo muy observador; más bien soy bien metiche.

En consecuencia me gusta mucho ir a lugares razonablemente concurridos; incluso si estoy estudiando —cosa que sucede muy de vez en cuando— me gusta hacerlo en lugares concurridos (con gente desconocida). Creo que estoy pensando en cafés, librerías, etc. También necesito un poco de ruido, por lo que las bibliotecas no suelen estar en la lista.

Hará cosa de un mes, en la fila del aeropuerto para entrar formalmente a mi país (cortesía de un sellito en el pasaporte), me dedicaba a este pasatiempo mientras avanzaba lentamente. En eso que veo a una chava que me llamó la atención.

(Aquí podría serme uebos aclarar a qué me refiero con ‘llamar la atención’; pero excusatio non petita, accusatio manifesta. Así que callaré.)

Un segundo después reparé en el detalle de porqué me había llamado la atención la susodicha: su cara me era profundamente familiar. Dos segundos fueron suficientes.

Era Ximena Sariñana.

Obviamente, cuando uno encuentra a un personaje famoso se vuelve más difícil aún dejar de mirar. En consecuencia, hice un esfuerzo por parecer normal y me puse a revisar que trajera todos mis documentos migratorios en orden y listos. No tuve fuerza de voluntad.

Cuál fue mi sorpresa al voltear a verla y ver que ella me miraba fijamente. Tímidamente dejé de mirar. La escena se repitió varias veces. Fue una experiencia nueva sentirse observado. No me quedó claro si mi miraba como quien mira a un mico, a un monstruo u qué. Lástima que el que escribe siempre ha sido tímido y que ya no la encontré pasando migración.

Aún no sé si le hubiera pedido un autógrafo o su teléfono, ja ja [iluso].

Porque la música es una parte fundamental de la expresión viviente.

Siempre he sido muy distraído y olvidadizo en lo que se refiere a Música. Autores, títulos, intérpretes se me resbalan de la memoria con suma facilidad.

Frecuentemente me sucede que me pierdo en las conversaciones en las que se discute música y, cuando finalmente logro recordar un dato -algo como un pedazo de canción-, descubro que la música de la que se habla me ha gustado siempre.

Quiero conocer y no olvidar más sobre jazz y sobre rock latino contemporáneo. He aquí la primera solicitud que os hago.

Escríbanme contándome sobre los grupos que conocen y gustan escuchar. Prometo hacer un esfuerzo por recordarlos y por buscarlos.

Espero ansioso vuestra comunicación.

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